—Dios mío…
Beatriz se sentó junto a ella.
—Tú no lo sabías.
—Pero te presioné.
—Sí. Y estuvo mal.
La respuesta fue incómoda, pero honesta.
Beatriz no pretendía convertir el pasado en algo hermoso.
—También yo me equivoqué ocultándolo. Alejandro se equivocó ignorando lo que pasaba. Todos actuamos con lo que sabíamos y todos callamos demasiado.
Alejandro acercó su silla.
—Yo debí estar allí.
—Sí —respondió Beatriz—. Pero no puedes regresar 11 años para hacerlo mejor.
Carmen comenzó a llorar.
Isabel, sentada al otro extremo del sofá, apoyó instintivamente una mano sobre su vientre.
Aquella casa estaba llena de personas que habían pasado años castigándose por cosas que ya no podían cambiar.
Entonces sintió un pequeño movimiento.
Después otro.
Sonrió.
—Creo que alguien quiere terminar esta reunión.
Los 3 la miraron.
—Se han movido.
La tensión se rompió de golpe.