Carmen se secó las lágrimas y se acercó, pero se detuvo antes de tocarle el vientre.
—¿Puedo?
Aquella simple pregunta emocionó a Isabel más que cualquier disculpa.
—Claro.
Desde ese día algo cambió.
No desaparecieron los errores, pero dejaron de esconderlos.
Y esa decisión fue puesta a prueba muy pronto.
En la semana 11, Isabel despertó y descubrió una pequeña mancha en el camisón.
El miedo regresó como un golpe.
Alejandro tardó menos de 5 minutos en meterla en el coche.
En urgencias encontraron un pequeño hematoma próximo a uno de los sacos gestacionales.
Los 2 corazones seguían latiendo.
El médico recomendó reposo y controles frecuentes.
Alejandro convirtió inmediatamente la planta baja de la casa en una especie de clínica privada.
Isabel tuvo que detenerlo cuando apareció con un aparato para medir la tensión, 4 almohadas especiales y una silla que costaba más que el primer coche de ella.