La responsable de obstetricia explicó que ya no era conveniente prolongar el embarazo.
Necesitaban realizar una cesárea.
Isabel sintió un miedo que ninguna palabra podía aliviar.
Alejandro le agarró la mano.
—Tengo miedo.
Ella lo miró sorprendida.
Esperaba escuchar que todo saldría bien.
—Yo también —admitió él—. Pero esta vez no vamos a fingir que no pasa nada.
Aquella frase la tranquilizó.
Cuando llevaron la camilla hacia quirófano, Carmen esperaba junto a la puerta.
Tomó durante unos segundos la mano de Isabel.
—No pienses en nietos ni en nada más. Solo vuelve con ellos.
Las puertas se cerraron.
Los gemelos nacieron antes de alcanzar la semana 33.
El primer llanto fue pequeño, casi frágil.
Isabel comenzó a llorar.
Pocos minutos después escuchó el segundo.
Por haber nacido prematuramente, los 2 necesitaban cuidados neonatales y ella apenas pudo verlos durante unos instantes.
Eran diminutos.