Aquella frase hizo que Claudia tuviera que mirar hacia la ventana. Su hija necesitaba escuchar de una desconocida algo que en casa debería haber sido evidente.
Cuando se quedaron solas, Lucía contó lo que había ocurrido 5 semanas atrás. Aquella mañana casi no pudo desayunar. Raúl se enfadó porque tenía una cita con unos amigos, pero terminó llevándola a urgencias. Tras varias horas de espera, el personal recomendó nuevas pruebas.
—Al salir dijo que habíamos perdido toda la mañana —recordó Lucía—. Me preguntó si ya estaba contenta.
Raúl guardó los papeles. Cuando ella preguntó cuándo volverían, él respondió que los médicos siempre pedían pruebas “por si acaso”. Después le dijo que en casa había demasiados gastos, que Claudia estaba agotada y que no debía añadir otro problema.
—También dijo que si te lo contaba pensarías que él no sabía cuidarme.