Dile que fue un hombre que comprendió demasiado tarde todo lo que había perdido.
Estoy aquí, en el hotel, pero no iré a vuestra habitación sin tu permiso.
Si no quieres volver a verme jamás, lo entenderé.
Mike».
Levanté la mirada hacia el gerente.
—¿Dónde está?
El hombre vaciló durante un instante.
—Abajo, en el vestíbulo. Pero dijo que, si usted no quiere verlo, se marchará inmediatamente.
Emily seguía sosteniendo la caja de música.
—Mamá, ¿quién es Mike?
Me arrodillé frente a ella.
Durante tres años había imaginado qué diría si aquel momento llegaba algún día. Había pensado en proteger a mi hija y explicarle que Mike no merecía verla.
Pero cuando miré el delgado rostro de Emily, comprendí que la decisión no me pertenecía solamente a mí.
—Mike es tu padre —susurré.
Emily se quedó en silencio.
—¿Es el papá que vive muy lejos?
—Sí.
—¿Está aquí?
Asentí.
—¿Quieres conocerlo?
Mi hija reflexionó durante un momento antes de preguntar:
—¿Él tiene miedo de mí?
Aquella sencilla pregunta me rompió el corazón más profundamente que cualquier cosa que el médico hubiera dicho.
—No, cariño. Tenía miedo de perderte, pero eligió la peor manera de enfrentarse a ese miedo.
Emily apretó la caja de música contra su pecho.
—¿Puedo verlo? Pero solo si te quedas a mi lado.
Juntas bajamos al vestíbulo.
Mike estaba de pie junto a una ventana. Había cambiado muchísimo. Había perdido peso, tenía mechones grises en el cabello y profundas ojeras rodeaban sus ojos.
Cuando nos vio, fue incapaz de moverse.
Emily se aferró con fuerza a mi mano.
Mike cayó de rodillas, pero no intentó acercarse.
—Hola, Emily.
Mi hija lo observó atentamente.
—¿Tú eres mi papá?
Los ojos de Mike se llenaron de lágrimas.
—Sí. Pero he sido un padre muy malo.
—El abuelo dice que las personas malas a veces también pueden hacer cosas buenas.
Mike bajó la cabeza.
—Tu abuelo es un hombre muy bondadoso.
Emily dio unos pasos hacia él y le mostró la caja de música.
—¿Guardaste esto para mí?
—Todos los días.
—Entonces, ¿por qué no regresaste?
Esta vez, Mike no intentó buscar excusas.
—Porque fui un cobarde. Cuando descubrí que estabas enferma, solo pensé en mi propio dolor. Te abandoné cuando más me necesitabas.