Lucía se quedó callada.
No.
Necesitaba que Paula asumiera consecuencias.
Ya lo había hecho.
Había perdido aquel trabajo.
Tenía un procedimiento derivado de la agresión.
Había tenido que explicar profesionalmente una etapa incómoda.
Eso era distinto de convertirla en persona prohibida para siempre.
Lucía entendió que justicia y condena perpetua no eran sinónimos.
Javier resultó más difícil.
Su estrategia inicial fue negar intención.
Afirmó que Montalvo Ferrer pretendía complementar servicios y que la renuncia había sido un borrador preparado por asesores.
Pero Mauricio confirmó que la firma no provenía de Lucía.
La investigación informática también mostró que una copia escaneada de documentos antiguos de Lucía había sido abierta desde un equipo utilizado habitualmente por Javier antes de generarse la renuncia.
No existía una grabación perfecta donde él confesara haber falsificado.