—Lleva un año viviendo en modo de emergencia. Su cuerpo todavía no ha recibido el correo electrónico donde le informan de que terminó.
Aquella noche Lucía cenó con su madre.
La mujer se había recuperado bastante del ictus.
Podía caminar distancias cortas y había aceptado ayuda domiciliaria varias mañanas por semana.
Eso también era nuevo.
Durante meses Lucía se había negado a contratar a nadie.
Se decía que nadie cuidaría a su madre como ella.
Marta preguntó qué significaba realmente esa frase.
Resultó que significaba culpa.
La madre de Lucía fue quien terminó resolviéndolo.
—Hija, no vendiste un piso para levantar una empresa y estudiar media vida para acabar discutiendo conmigo sobre si una cuidadora sabe hacer lentejas.
Lucía rio.
—Las hace mal.
—Todo el mundo las hace mal menos yo.
Contratar ayuda no significó abandonar a su madre.