Lucía fue a la oficina de su marido a tomar un café, sin imaginar que la nueva secretaria la abofetearía delante de todos, gritando: “¡Es mi marido!”. Pero esa bofetada fue solo el comienzo de una verdad mucho más oscura. Entre una firma falsificada, una carta de renuncia preparada a sus espaldas, una notaría en Madrid y una empresa que intentaban apoderarse, se reveló un plan secreto mucho mayor. Lucía tendría que elegir entre hundirse en la humillación o recuperar su honor, su dignidad y el control sobre todo lo que había construido a lo largo de los años.

Significó que ambas podían recuperar parte de sus vidas.

Aquella experiencia hizo que Lucía introdujera otra política en la empresa.

Un protocolo real para empleados con responsabilidades de cuidado.

Flexibilidad.

Sustituciones.

Información clara sobre responsabilidades durante ausencias.

No quería que otra persona regresara después de cuidar a un padre enfermo y descubriera que alguien había interpretado su ausencia como desinterés.

Nerea leyó el documento.

—¿Esto es política empresarial o autobiografía?

—Ambas cosas.

—Entonces falta una cláusula sobre cafés.

Lucía la miró.

—No.

—“Toda bebida identificada pertenece exclusivamente…”

—Nerea.

La gestora empezó a reír.

Lucía también.

El café había dejado de ser únicamente recuerdo de una bofetada.

Eso le pareció una pequeña victoria.

PARTE 4

Dieciocho meses después, Montalvo Salcedo ya no se llamaba Montalvo Salcedo.

Lucía había considerado Salcedo Rehabilitaciones.

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