Después cambió de opinión.
No quería sustituir un apellido por otro y llamar a eso modernización.
La nueva marca fue Línea Habitable Rehabilitación.
Tomás dijo que sonaba demasiado elegante para una empresa donde los albañiles seguían discutiendo por quién había perdido la cinta métrica.
—Es aspiracional —respondió Lucía.
La oficina también cambió.
No era mucho más grande.
Tenía una sala común, paredes con planos visibles y un pequeño espacio tranquilo para videollamadas.
Lucía mantuvo su despacho, pero rara vez cerraba la puerta.
No porque quisiera demostrar transparencia permanente.
Porque había aprendido algo sobre los símbolos.
Las puertas cerradas no causaron el problema anterior.
Pero una cultura donde la información circulaba únicamente a través de Javier sí había ayudado.
Línea Habitable organizó responsabilidades de forma más clara.