Hubo sanciones.
Responsabilidad económica.
Una pena que no implicó convertirlo en personaje de tragedia pública durante décadas.
Lucía sintió una decepción incómoda cuando lo supo.
Parte de ella quería una consecuencia gigantesca.
Algo proporcional a todas las noches sin dormir.
Marta volvió a hacer una pregunta molesta.
—¿Qué sentencia devolvería exactamente lo que perdió?
Lucía no respondió.
Ninguna.
La empresa había sobrevivido.
Su reputación se reconstruía.
Su madre estaba mejor.
El divorcio había terminado.
No existía pena capaz de devolver confianza.
Eso tendría que reconstruirlo ella en otro lugar, con otras personas y, sobre todo, consigo misma.
Paula escribió una carta.
Llegó mediante su abogada.
No pedía retirar nada.
No pedía amistad.
Decía que llevaba meses en terapia y había empezado a comprender cuánto de su relación con Javier se basó en aceptar información que le convenía sin verificarla.