Lucía comprendió que convertir cada problema en reflejo de su propia historia sería otra forma de ejercer mal el poder.
La justicia necesita empatía.
También distancia.
Su relación con su madre cambió de manera menos dramática.
La mujer recuperó suficiente autonomía para regresar a su propio piso.
Lucía quería que viviera con ella indefinidamente.
Su madre se negó.
—No pienso pasar mis últimos años viendo cómo revisas si he tomado una pastilla a las nueve y cuatro en vez de a las nueve.
—Eso se llama cuidar.
—Eso se llama inspección farmacéutica.
Lucía terminó aceptando.
Contrataron ayuda algunas mañanas.
Instalaron barras de apoyo.
Organizaron medicación.
Lucía la visitaba varias veces por semana.
No todos los días.
La primera noche sin revisar personalmente el pastillero sintió culpa.
La siguiente menos.
Su madre no murió.