Beatriz lloraba de vergüenza. "Pensamos que te ayudábamos a ti, Claudia. Creímos que necesitabas y por orgullo no pedías".
Don Arturo estaba rojo de coraje. "Señora, le juro que no sabíamos. Mañana vamos al banco a cerrar eso y levantar reporte. Cada peso que mi esposa dio lo repondremos. Y este muchacho mañana entra a la refaccionaria con mi compadre, aunque sea cargando cajas. Si no quiere, se va de la casa".
Valeria se hincó frente a mí. "Mamá, perdóname. No pensé que fuera tan grave. Me dijo que era normal, que todos lo hacen. Tengo miedo de quedarme sin nada".
La miré. Diecinueve años, cinco meses de embarazo, temblando. Sí, tenía miedo. Pero cruzó una línea que no se cruza con una madre. Entendí que el problema no era el bebé. Era que yo la había acostumbrado a que yo resolvía todo, a decir que sí para evitar pleitos.
No la abracé de inmediato. "Tener miedo no te da derecho a robarme, Valeria. Ni a mentirle a toda la familia. Si vas a ser madre, aprende que las decisiones tienen consecuencias. No te dejaré sola con tu bebé, pero ya no seré tu salvavidas para todo. Seguirás estudiando en línea y trabajarás medio tiempo conmigo atendiendo mensajes. Emiliano trabajará donde sea, aunque sea de repartidor. Pagaran cada peso que pidieron mintiendo. Y mi viaje no se cancela. Me voy en marzo. Porque si no me respeto yo, nadie lo hará".
Al día siguiente fuimos al banco. Cerramos la cuenta, levantamos reporte por robo de identidad y el ejecutivo confirmó movimientos raros. Emiliano firmó un compromiso de pago con sus papás.
Pasaron tres meses. Emiliano sigue en la refaccionaria. Gana nueve mil, no es mucho, pero ya no pide prestado. Llega con las manos llenas de grasa, pero llega. Valeria vende maquillaje por Instagram, toma clases en línea y me ayuda con administración. Ya no exige. Ahora pregunta: "¿puedes?" en lugar de "tienes que".
“Mamá, no puedes gastar tus ahorros en europa cuando tu nieto necesita pañales”. Me gritó mi hija de 19 años embarazada que quiere que yo la mantenga. Pero cuando invité a sus suegros a mi casa descubrimos que había usado mi ine para abrir una cuenta falsa a mi nombre.