“Mamá, vacié tus gotas en el té de mi nuevo papá para que ya no te hicieran daño”, dijo mi hija. Él llevaba una hora conectado a máquinas en cuidados intensivos y yo aún creía que todo había sido un accidente. Guardé silencio y dejé que el laboratorio analizara aquel pequeño frasco. El resultado hizo que revisaran mi testamento, mis dos años de enfermedad y hasta la muerte de mi primer esposo.

La dosis que había bebido era enorme. El talio ya había empezado a afectar sus nervios, su corazón y su sistema digestivo, pero el tratamiento comenzó pocas horas después de la ingestión.

Sobrevivió.

Despertó al cuarto día.

Rodrigo estaba revisando los monitores cuando vio que abría los ojos.

Ignacio intentó moverse. No pudo.

Luego vio al policía sentado junto a la puerta.

Su pulso subió.

—No intente hablar todavía —dijo Rodrigo—. Tiene un tubo en la garganta. Se lo retiraremos en aproximadamente una hora.

Ignacio lo miró con terror.

Rodrigo se inclinó un poco.

—Usted fue intoxicado con talio. El contenido del frasco que supuestamente había comprado para su esposa.

Los ojos del hombre se abrieron más.

—Elena está viva. Camila también. Patricia Robles fue detenida. La farmacia está clausurada. El notario declaró. Su teléfono fue revisado.

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