—Lo conocí años antes que Elena. Me dijo que su matrimonio era un error, que necesitaba tiempo, que cuando todo terminara estaríamos juntos.
—¿“Todo” qué? —preguntó Marcela.
Patricia apretó la mandíbula.
—Yo no sabía que quería matar a la niña.
Rodrigo dio un paso hacia ella.
—Pero usted le recetó las gotas.
—Él me dijo que eran vitaminas.
—Usted es cardióloga. Vio a una niña con alopecia, debilidad y dolores en las piernas. Vio a la madre empeorar mientras seguía tomando exactamente lo que usted prescribía.
Patricia se quedó inmóvil.
Marcela habló sin elevar la voz:
—Doctora, póngase de pie.
Al mismo tiempo, en terapia intensiva, Ignacio seguía inconsciente.
Pero el teléfono incautado por la Fiscalía ya había revelado mensajes borrados.
Uno de ellos, recuperado de una copia automática, estaba enviado por Ignacio a Patricia tres meses antes: