—Encontraste la forma de proteger a todos, menos a tu esposa.
No tuvo respuesta. Entonces la mujer confesó lo que faltaba: hacía unas semanas había ido con Gustavo a la pastelería para ver el diseño del pastel. Y la llamada de ayer había sido suya.
—Sabía que no estaba invitada —dijo—. Pensé que si algo salía mal, alguien por fin tendría que escucharme.
—Te hiciste pasar por mi prometida —murmuró Mateo, horrorizado.
Ella aseguró que su plan era simple: que me negaran el pastel, que yo llamara a Valeria y que el caos hiciera aparecer las preguntas. Funcionó, pero a un precio que nadie le había pedido pagar.
Entre lágrimas, dijo que tras el divorcio la familia de Hernán había puesto obstáculos a las visitas, que ella era joven y estaba sin dinero, y que con el tiempo dejó de insistir.