Gustavo se acercó más.
—¿Vas a llorar ahora?
No me moví. Lo miré, serena. Y entonces mi cuñada Paola gritó:
—¡Gustavo, basta!
Todos voltearon. Paola estaba junto a la puerta del patio, pálida, con el celular temblándole en la mano. En la pantalla había un video detenido: yo, diez años más joven, con el cabello trenzado y un cinturón dorado en la cintura, de pie sobre una rival vencida mientras el anunciador gritaba mi viejo nombre.
Renata «La Tormenta Silenciosa» Cárdenas. Excampeona nacional de artes marciales mixtas.
Gustavo miró el celular, luego a mí, sin entender. Después bajó la vista a su mano, que ahora me apretaba la muñeca.
—Tienes tres segundos —dije en voz baja.
Lo que ocurrió después
Gustavo se rió una vez más y apretó más fuerte. Con un movimiento corto me liberé, le giré la muñeca y retrocedí con las manos abiertas y visibles.