Mi esposo me abandonó cuando estaba embarazada de nuestro decimocuarto hijo. Años después, regresó suplicando que lo perdonara… pero ya era demasiado tarde.

—He cometido el peor error de mi vida —dijo con la voz quebrada—. Por favor, perdóname. Quiero volver a casa.

Durante un instante, no supe qué responder. El hombre que me había dejado sola con trece hijos y un embarazo había regresado esperando que todo pudiera arreglarse con unas pocas palabras.

—¿Por qué has vuelto ahora, Daniel? —pregunté.

Bajó la mirada.

Me contó que su vida no había resultado como esperaba. Había perdido su trabajo, sus relaciones habían fracasado y, con el paso de los años, se había quedado completamente solo. Entonces recordó a la familia que había abandonado.

—Ahora entiendo lo que tenía —susurró—. Quiero recuperar el tiempo perdido. Quiero ser padre para nuestros hijos y volver a ser tu esposo.

Lo miré en silencio. Una parte de mí recordaba al joven del que me había enamorado. Pero también recordaba todas aquellas noches en las que había tenido que consolar a nuestros hijos cuando preguntaban por él. Recordaba el miedo, el cansancio y las veces que no sabía cómo llegaríamos al día siguiente.

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