Ricardo intentó acercarse.
—Escúchame. Todo esto lo hice por nosotros.
—¿También embarazaste a Valeria por nosotros?
Bajó la mirada.
Y entonces dijo algo que terminó de destruir cualquier recuerdo bonito que conservaba de nuestro matrimonio.
—Valeria sí va a darme un hijo, Mariana.
Me quedé inmóvil.
Durante años habíamos intentado formar una familia.
Después de varios tratamientos y dos pérdidas de embarazo, los médicos nos habían explicado que sería difícil.
Ricardo siempre me decía que no importaba.
Que me amaba.
Que éramos suficientes el uno para el otro.
Ahora utilizaba aquella herida para justificar su traición.
Respiré profundamente.
—Espero que seas mejor padre de lo que fuiste esposo.
Ricardo pareció sorprendido.
—¿No vas a pelear por mí?
Lo miré con una tristeza inmensa.
—Ricardo, hace mucho que dejé de pelear por un hombre que nunca existió.
Gabriela le entregó los documentos correspondientes.