Corrí hasta nuestra habitación.
Abrí el clóset, retiré una caja de zapatos y marqué la combinación.
La puerta metálica se abrió.
La carpeta había desaparecido.
—No está —susurré.
Del otro lado escuché un silencio inquietante.
—Entonces ya empezó —respondió la mujer.
—¿Qué empezó? ¡Dígame quién es usted!
Su siguiente frase me dejó sin aliento.
—Mariana, su papá no murió sin antes descubrir lo que Ricardo estaba haciendo. Y dentro de esa carpeta había una prueba que podría destruirlo.
Me apoyé contra la pared.
—¿Qué prueba?
—Hay algo que necesito mostrarle. Pero primero debe saber quién soy yo.
Escuché que abría una puerta.
Después, una voz masculina habló al fondo.
Reconocí aquella voz inmediatamente.
Era Ricardo.
La mujer susurró:
—No cuelgue, Mariana. Está a punto de escuchar por qué su esposo necesitaba desaparecer durante dos años…
Y entonces Ricardo pronunció mi nombre.
PARTE 2 — MI ESPOSO ROBÓ LA CARPETA QUE MI PADRE ME DEJÓ… PERO NO SABÍA QUE EL VERDADERO SECRETO ESTABA EN MIS MANOS