MI ESPOSO ME DIJO QUE SE IBA DOS AÑOS A SUIZA… PERO SU AMANTE EMBARAZADA LO ESPERABA EN CANCÚN, Y LO QUE ROBÓ DE NUESTRA CAJA FUERTE ERA MUCHO PEOR

Su muerte había sido repentina.

Una noche sufrió un infarto en su casa de Santiago, Nuevo León. Cuando llegué al hospital, ya no había nada que hacer.

Durante meses me culpé por no haber contestado su última llamada.

Ahora escuchaba a Ricardo hablar de aquella noche como si escondiera algo.

—¿Qué le hicieron a mi papá? —susurré.

La mujer al otro lado de la línea no respondió inmediatamente.

Después escuché que se cerraba una puerta.

—Mariana, mi nombre es Lucía Herrera. Soy contadora y trabajé para su padre durante quince años.

Reconocí el nombre.

Mi papá había mencionado muchas veces a Lucía.

Era una mujer de absoluta confianza que había desaparecido de la empresa pocas semanas después del funeral.

Ricardo me había dicho que renunció porque consiguió un empleo mejor en Querétaro.

Otra mentira.

—¿Dónde está usted? —pregunté.

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