Mi esposo me echó de casa sin dejarme llevar nada… tres días después abrió el armario y entendió su error

Sebastián se quedó callado un instante.

Después asintió.

—Sí. El dueño sigue siendo el mismo.

—Entonces quiero wonton.

Cerré los ojos.

Por fuera, parecía tranquila.

Por dentro, solo pensaba una cosa.

Adrián Keller me había echado sin dejarme llevar nada.

Pero no sabía que, desde hacía meses, todo lo que realmente importaba…

ya lo había sacado de esa casa.

El armario estaba vacío, la caja fuerte también… y mi esposo entendió que no me había echado: yo ya me había ido

La sopa de wonton seguía sabiendo igual.

Caldo claro.

Cebollín fresco.

La masa fina rompiéndose apenas entre los dientes.

Un sabor sencillo, caliente, profundamente familiar.

Hacía años que no comía allí.

Desde que me casé con Adrián Keller, mi vida se llenó de restaurantes caros, vajillas importadas y cenas donde cada bocado venía acompañado de una regla invisible.

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