El primer mensaje decía:
“Debiste decirle a Adrián antes de aceptar el divorcio.”
El segundo apareció inmediatamente.
“Ahora ya sabe que existe un heredero.”
Sentí que se me helaban las manos.
Después llegó una fotografía.
Era la entrada del edificio donde yo estaba viviendo.
La imagen había sido tomada esa misma mañana.
Había un hombre de espaldas junto a la puerta.
No pude verle el rostro.
Pero sí el reloj plateado de su muñeca.
Conocía aquel reloj.
Lo había visto durante años en las cenas familiares de los Montemayor.
Pertenecía a Marcos.
El hermano de Adrián.
Y dos noches antes, Marcos me había abrazado mientras me decía cuánto lamentaba nuestro divorcio.
Parte 2: La policía revisó las cámaras del edificio.
El hombre del abrigo oscuro había aparecido dos veces, pero nunca mostró el rostro.