Adrián llegó mientras los agentes observaban la grabación.
Se quedó inmóvil frente a la pantalla.
“Conozco a ese hombre.”
“¿Es Marcos?”, pregunté.
“No. Trabajó para él.”
Aquello abrió una puerta que Adrián llevaba años manteniendo cerrada.
Doce años antes, poco después de nuestro noviazgo, alguien había preparado una emboscada en una bodega de Apodaca.
Yo había descubierto que Adrián podía estar en peligro y fui a advertirle.
Cuando comenzaron los disparos, él se interpuso entre uno de los atacantes y yo.
La bala le atravesó el costado.
Después dijo a todos que yo nunca había estado allí.
Durante años pensé que lo había hecho porque se avergonzaba de que yo hubiera interferido.
Ahora me confesó la verdad.
“Pensé que quien organizó aquello podía descubrir que habías estado conmigo.”
“¿Y decidiste mentirme para protegerme?”