Mi hermano empujó a mi hija de 13 años delante de toda la familia porque ella se negó a seguir sirviéndole comida; segundos después estaba inconsciente en la piscina. Cuando despertó en el hospital me preguntó: “Mamá, ¿fue por decirle que no?”. No defendí a nadie. Días después, cuando mi hermano llegó exigiendo silencio, mencioné una cámara y vi cómo su rostro perdía todo el color.

Me quedé mirándola.

—¿Una tableta?

—Es un gesto de paz.

—Le abrió la cabeza a mi hija y cree que puede arreglarlo con un regalo.

Entonces comenzaron a golpear violentamente la puerta.

—¡Mariana! —gritó Mauricio desde afuera—. ¡Abre!

Arriba, en su habitación, estaba mi hija con una lesión cerebral.

Y afuera estaba el hombre que había provocado todo.

Andrés avanzó hacia la puerta.

Lo detuve.

—Tú quédate con Valeria.

—Mariana…

—Esta vez lo termino yo.

Abrí la puerta y salí sola.

Parte 3

Mauricio parecía no haber dormido en días.

Tenía la camisa arrugada, el cabello desordenado y los ojos rojos.

—¿Tienes idea de cuántas veces te he llamado?

—Sí.

—Me estás tratando como si fuera un delincuente.

—Empujaste a una niña de 13 años hacia una piscina.

Soltó una risa nerviosa.

—¡No la empujé! Le toqué el hombro. Ella resbaló.

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