Miró al pequeño.
Después señaló a Mauricio.
—Conoce a Mateo. El hijo de tu esposo.
Sentí que el aire desaparecía de la habitación.
Pero todavía no sabía que aquel niño no era ni siquiera la peor parte de la verdad.
No podía imaginar lo que estaba a punto de descubrir…
PARTE 2
—Dime que está mintiendo.
Mauricio levantó la cara, pero no pudo sostenerme la mirada.
La mujer dio un paso al frente.
—Soy Valeria. Y sí, Mateo es hijo de Mauricio.
Mi esposo comenzó a hablar atropelladamente.
Dijo que había sido “una sola vez”, poco después del nacimiento de Sofía. Que atravesaba problemas en el trabajo. Que nunca había sabido que existía el niño hasta ese mismo día.
Teresa observaba la escena con una tranquilidad que me revolvía el estómago.
—Entonces dame tu teléfono —le dije.