Mi hijo ya había encontrado su lugar en el mundo.
Y con su bondad estaba ayudando a que otras personas también conservaran el suyo.
Toda mi vida intenté proteger a mi hijo de un mundo cruel. Pero aquel día comprendí que precisamente las personas como mi hijo son las que hacen de este mundo un lugar más bondadoso.
¿Y tú qué le dirías a Daniel si fueras su madre?