«Mi hijo con síndrome de Down trabajó durante 12 años en una tienda, hasta que el gerente lo acusó de ladrón. Mi hijo lloraba y suplicaba: “¡Mamá, créeme, yo no he robado nada!”. Yo creí en su inocencia, pero cuando salió a la luz la verdad, ocurrió algo que jamás habría imaginado…»

Mi hijo ya había encontrado su lugar en el mundo.

Y con su bondad estaba ayudando a que otras personas también conservaran el suyo.

Toda mi vida intenté proteger a mi hijo de un mundo cruel. Pero aquel día comprendí que precisamente las personas como mi hijo son las que hacen de este mundo un lugar más bondadoso.

¿Y tú qué le dirías a Daniel si fueras su madre?

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