Mi Hijo Decía Que Su Madre En Coma Hablaba Los Sábados Y Yo Por Fin Me Quedé-silas

Parte 2:
Me senté donde Noah había estado cada sábado y tomé la mano de Emma. Él no miraba su rostro: miraba nuestros dedos, como si estuviera esperando algo muy específico.
«Háblale», me dijo.
No sabía qué decir. Después de dos meses evitando ese momento, lo único que salió fue una disculpa.
«Emma, perdóname por no haber estado aquí aquel día. Y perdóname por venir todos los días sin tener el valor de quedarme de verdad».
Noah apretó los labios.
«Ahora espera».
Pasaron varios segundos. Entonces sentí una presión mínima contra mis dedos.
Me quedé helado.
Pensé que podía ser un movimiento involuntario, hasta que Noah preguntó con voz tranquila:
«Mamá, ¿puedes hacerlo otra vez para que papá entienda?»
La mano de Emma volvió a cerrarse débilmente alrededor de la mía.
Noah no parecía sorprendido.
«Eso hace los sábados», dijo. «Pero hoy tienes que preguntarle lo que yo no quiero preguntarle».
Antes de que pudiera responder, Noah sacó de entre las páginas de su cómic una pequeña nota doblada que llevaba varios sábados guardando y la puso en mi mano.
──────────────────────
Noah empujó la silla hasta que quedó pegada a la cama de Emma.
Advertisement

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *