Noah aplaudió.
—¡Mamá puede aventar cosas!
Emma intentó sonreír.
Yo también.
La rehabilitación comenzó en serio.
Y con ella llegó algo que yo había estado evitando.
La causa de su coma.
Hasta entonces todo lo relacionado con el accidente había parecido secundario.
Emma había sido encontrada inconsciente al pie de una escalera en el edificio donde trabajaba medio tiempo.
No había testigos directos.
Se asumió una caída.
Golpe en la cabeza.
Complicaciones.
Yo acepté la explicación porque necesitaba algo que entender.
Pero cuando Emma pudo responder sí y no con más consistencia, una terapeuta hizo una pregunta.
—¿Recuerdas cómo te lastimaste?
Emma cerró los ojos.
Una presión.
Sí.
Yo me quedé inmóvil.
—¿Te caíste?
Dos presiones.
No.
Todo dentro de mí cambió.
La terapeuta me miró.
—Jeremy, no hagas más preguntas tú.
—¿Por qué?
—Porque podemos contaminar recuerdos o respuestas.