—¿La guardaste todos estos años?
—En un cajón, en cada departamento al que me mudé.
—¿Por qué no se la diste?
—Me daba vergüenza. No podía mirarte a los ojos.
—O sea que nos vigilaste.
—Me aseguré de que estuvieran bien.
—Nos espiaste.
—Lo sé. —Miró hacia la casa—. Hace tres días vi a Julia en la cafetería. Se parece tanto a Bruno. Saqué la foto.
—¿Y ahora estás aquí?
—Porque Bruno me lo pidió.
—No puedes volver así a nuestras vidas.
—Lo sé. Julia no me debe nada.
—Y Bruno no está para acompañarte en esto.
Se le quebró la voz.
—Por eso vine. Porque él no puede.
Una decisión que no era mía
La puerta se abrió a mis espaldas.
—¿Mamá? —Julia estaba allí con la tarjeta de Bruno en la mano—. ¿Quién es?
—Julia, él es tu padre. Y esa tarjeta es de Bruno. La escribió hace trece años y le pidió a tu padre que te la entregara hoy.