Patricia Ramírez.
Mi suegra.
—¿Por qué mi mamá conocía a la tuya? —susurró Alejandro.
Yo tampoco tenía respuesta.
Entonces el celular de Alejandro sonó.
Era Patricia.
Contestó inmediatamente.
—¡Mamá!
Pero no escuchamos a Patricia.
Escuchamos la voz de Roberto.
—Hijo.
Alejandro se puso rígido.
—¿Dónde está mi mamá?
—Está conmigo.
—Si le hiciste algo…
—No le hice nada. Pero creo que ya encontraron la memoria.
Nadie respondió.
Roberto soltó una risa triste.
—Entonces también encontraron el fideicomiso.
Miré a Alejandro.
—¿Qué sabes sobre mi madre?
Hubo un largo silencio.
Después Roberto dijo algo que ninguno esperaba.
—Mucho más de lo que Patricia te ha contado.
—Quiero hablar con ella.
—Lo harás.
—Ahora.
—Primero escucha algo, Lucía. El dinero nunca fue el verdadero secreto.
Sentí que las piernas me fallaban.
—¿Entonces qué era?
Roberto respiró lentamente.
—Pregúntale a Patricia por qué tu madre murió dos semanas después de intentar recuperar esos documentos.