Mi padre me echó con una mochila, nueve años después volvió a mi oficina pidiéndome 350.000 dólares

Cuatro años después, ella fue a mi graduación con un sombrero morado ridículo y lloró más fuerte que nadie.

—Estoy orgullosa de ti, Camila.

Esas cinco palabras valieron casi tanto como las primeras que me dijo.
La empresa y el secreto de doña Amalia

Tres años después de graduarme fundé una empresa de sistemas de eficiencia energética para la industria. Doña Amalia me animó desde el primer día. Yo no sabía que había sido contadora durante décadas y que había invertido sus ahorros con mucha inteligencia. No era rica, pero entendía de negocios mejor que cualquiera que yo conociera. Me enseñó a leer proyecciones, a negociar contratos y a huir de los inversionistas abusivos.

Nuestros primeros clientes grandes llegaron pronto. A los veinticinco años ya tenía treinta y dos empleados. Mis padres seguían creyendo que yo andaba en apuros.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *