Clara miró hacia la sala.
En el refrigerador había un dibujo que Emilia había hecho meses atrás.
5 figuras tomadas de la mano frente a una casa.
—¿Por qué no dijiste nada?
Laura comenzó a llorar.
—Porque no quería iniciar otra pelea con ella.
Clara había escuchado esa frase durante años.
Nadie quería discutir con Beatriz.
Cuando criticaba lo que comía Emilia, cambiaban de tema.
Cuando decía que Clara había arruinado la vida de Tomás llenándolo de responsabilidades, fingían no escuchar.
Cuando entraba a su casa sin avisar y reorganizaba las cosas porque “una madre de verdad debía tener orden”, Tomás siempre repetía lo mismo:
—Déjalo pasar.
Todos habían aprendido a mantener la paz.
El problema era que la paz siempre significaba que Clara debía soportarlo.
3 días después, Tomás llegó a casa de Mariana.