Mi suegra me abofeteó frente a los 2 ataúdes de mis gemelos y mi esposo me sujetó del brazo: “Cálmate, mi mamá está destrozada”. No respondí. Entonces mi hija de 4 años tiró de la manga del sacerdote y preguntó si podía contar un secreto. Cuando dijo “la abuela puso algo en los biberones”, recordé quién los había preparado aquella última noche.

Pero cuanto más avanzaba la investigación, más cambiaba su versión.

Primero aseguró que nunca había tocado los biberones.

Después admitió haberlos preparado, pero negó haber añadido algo.

Cuando le mostraron sus mensajes con Laura, aseguró que nunca llegó a comprar el medicamento.

Entonces aparecieron el comprobante y las imágenes del establecimiento.

Tomás quiso hablar sobre regresar a casa.

—Emilia necesita estabilidad.

Clara miró a su hija coloreando en la mesa.

—Sí.

—Entonces deberíamos intentar arreglar esto.

—Ahora mismo, estabilidad significa que nuestra hija pueda dormir sin escuchar a nadie explicar por qué su abuela “no quiso hacerlo”.

Tomás guardó silencio.

Poco después, Clara solicitó el divorcio.

El proceso penal tardó más de 1 año en llegar a juicio.

Durante ese tiempo, Clara volvió a trabajar medio tiempo en una clínica dental de Guadalajara y rentó un departamento a 15 minutos de la casa de Mariana.

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