Mi suegra me abofeteó frente a los 2 ataúdes de mis gemelos y mi esposo me sujetó del brazo: “Cálmate, mi mamá está destrozada”. No respondí. Entonces mi hija de 4 años tiró de la manga del sacerdote y preguntó si podía contar un secreto. Cuando dijo “la abuela puso algo en los biberones”, recordé quién los había preparado aquella última noche.

Y comenzó a preguntarse qué había hecho Beatriz.

Parte 2: Esa misma tarde, Mariana llevó a Clara y Emilia a su casa.

Un agente había tomado la denuncia por la agresión ocurrida durante el velatorio. Poco después, la Fiscalía recibió también el reporte sobre lo que Emilia había dicho.

La niña no fue interrogada por toda la familia.

La psicóloga especializada que colaboraba con el Ministerio Público fue clara:

—No le hagan preguntas una y otra vez. Necesitamos evitar que los adultos contaminen su recuerdo.

Clara obedeció.

Lo único que sabía era lo que Emilia había dicho espontáneamente.

Había visto a su abuela poner algo dentro de uno de los biberones.

Algo que no salía de la lata que usaba su mamá.

Y Beatriz le había dicho:

—Es nuestro secreto.

Eso no demostraba por sí solo cómo habían muerto los gemelos.

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