Mi suegra me abofeteó frente a los 2 ataúdes de mis gemelos y mi esposo me sujetó del brazo: “Cálmate, mi mamá está destrozada”. No respondí. Entonces mi hija de 4 años tiró de la manga del sacerdote y preguntó si podía contar un secreto. Cuando dijo “la abuela puso algo en los biberones”, recordé quién los había preparado aquella última noche.

Pero era suficiente para que los investigadores revisaran algo que hasta entonces parecía una tragedia inexplicable.

Los peritos aseguraron los biberones, recipientes y productos de alimentación que todavía estaban en la casa.

También solicitaron ampliar los estudios toxicológicos realizados durante las necropsias.

Tomás llamó 7 veces esa noche.

Clara respondió la última.

—Mi mamá no debió golpearte.

—No.

—Pero Emilia pudo ver vitaminas, fórmula, cualquier cosa. Mamá dice que…

Clara cerró los ojos.

—No voy a discutir contigo lo que nuestra hija vio.

—Estoy intentando entender.

—Entonces deja que la Fiscalía investigue.

Hubo silencio.

—¿Vas a regresar a casa?

Clara observó a Emilia dormida en el sofá junto a Mariana.

—No.

—¿Cuándo?

—No lo sé.

Antes de colgar, Clara añadió:

—Tu madre no se acercará a Emilia.

Aquella noche, mientras Clara se lavaba los dientes, Emilia apareció en la puerta del baño.

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