Mi suegra robó la tarjeta de nuestra habitación y pasó casi una hora escondida debajo de la cama porque quería demostrar que yo era una estafadora. Cuando oyó: “La vieja no sospecha nada”, creyó haber encontrado la prueba definitiva. Yo solo le dije: “Lea esto antes de acusarme” y le entregué una carpeta… sin imaginar que también descubriría por qué su hijo vendió el negocio familiar.

Teresa sintió que las piernas le temblaban.

Valeria continuó explicando.

En la historia, una nuera aparentemente perfecta se casaba con un hombre endeudado. Ambos planeaban apropiarse de la vivienda de la madre de él. Para construir los personajes, Valeria había investigado métodos criminales utilizados en novelas, películas y casos históricos.

Nada de aquello era real.

Nada tenía que ver con Teresa.

—¿Y tus amigas? —preguntó ella todavía confundida—. Las escuché decir que eras una gran actriz, que mañana empezaba todo, que llevaban meses preparándolo.

Valeria sonrió con tristeza.

—Hablaban del estreno.

Aquellas palabras terminaron de derrumbar el enorme castillo de sospechas que Teresa había construido durante meses.

Pero todavía quedaba algo.

Algo más importante.

Teresa miró a Diego.

—¿Y tú?

Diego bajó la mirada.

Su madre comprendió enseguida.

—Tú también eres actor.

—Estoy intentando serlo.

Teresa se sentó en la orilla de la cama.

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