Diego respiró profundamente.
—¿Recuerdas cuando tenía doce años y quería entrar al taller de teatro de la secundaria?
Teresa sí lo recordaba.
Él había regresado emocionado después de interpretar un pequeño papel en un festival escolar.
Durante semanas dijo que quería estudiar actuación.
Teresa se había negado.
“De eso no se vive.”
“Necesitas algo serio.”
“Tu padre te dejó un negocio.”
Había repetido aquellas frases tantas veces que con los años incluso había olvidado cuánto podían haber dolido.
—Seguí actuando a escondidas un tiempo —continuó Diego—. Después lo dejé. Me convencí de que tú tenías razón.
—Yo solo quería asegurarte un futuro.
—Lo sé.
Diego se sentó junto a ella.
—Pero cada vez que abría el local de flores sentía que estaba viviendo la vida de alguien más.
Teresa apretó los labios.