Adrián no parecía ver ninguna de aquellas cosas.
Veía a la mujer que había arriesgado su seguridad por decirle algo que nadie más se había atrevido a plantear.
Se inclinó y besó suavemente su frente.
Lucía cerró los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo no sintió que tuviera que hacerse pequeña para resultar aceptable.
A la mañana siguiente llegó la noticia que cambiaría la investigación.
Tomás había encontrado a Sergio.
No estaba desaparecido.
Estaba escondido.
Había alquilado una pequeña casa cerca de Ronda y llevaba días viviendo con las persianas cerradas.
Cuando lo llevaron ante Adrián, parecía un hombre que no había dormido desde hacía semanas.
—Yo no puse nada en esas cremas —repitió nada más entrar—. Por eso me marché.
Explicó que inicialmente recogía personalmente los preparados en la farmacia.