Mientras masajeaba las piernas de mi cliente en su dormitorio de Marbella, varios cabellos quedaron en mis dedos y vi extrañas líneas blancas en sus uñas; su médico sonreía junto a una bolsa de suero mientras él apenas soportaba el ardor. Después escuché: «Solo necesitábamos tiempo: una enfermedad larga, nada escandaloso». Guardé una muestra y llamé a toxicología. Entonces encontré 2 tarros idénticos de crema. –

Lucía comprendió inmediatamente el mensaje.

Sergio había huido.

Tomás investigó los movimientos empresariales de Julián.

Lo que encontró convirtió la traición familiar en algo mucho mayor.

Adrián poseía el 51 % de Valcárcel Mediterránea.

Julián tenía el 19 %.

Si Adrián quedaba incapacitado de forma permanente antes de su boda, determinadas cláusulas internas permitían al consejo nombrar provisionalmente a otro presidente.

Julián llevaba meses buscando apoyos.

Pero había otro elemento.

La boda con Claudia fusionaría varias concesiones logísticas de los Valcárcel y los Aranda.

Si ambos quedaban fuera de juego antes de firmar la reorganización societaria, el acuerdo se derrumbaría.

Una empresa extranjera llevaba meses intentando comprar precisamente esos activos.

Tomás localizó comunicaciones entre un intermediario de esa compañía y una sociedad administrada indirectamente por Julián.

—Quería tu puesto —dijo Lucía—. Y necesitaba que Claudia desapareciera del acuerdo también.

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