Adrián permaneció largo rato mirando las pruebas.
Lo que más parecía dolerle no era el dinero.
Era comprender que alguien que le había enseñado a montar en bicicleta y había estado sentado junto a él en el funeral de su padre podía llevar semanas observándolo deteriorarse durante las comidas familiares.
Lucía se acercó.
—Todavía falta una cosa.
—¿Cuál?
—Que lo admita.
La operación se preparó con la policía y los abogados de la compañía.
No habría enfrentamientos improvisados.
Querían pruebas.
Esa tarde se difundió discretamente dentro del entorno familiar que Adrián había sufrido una recaída grave y estaba ingresado bajo vigilancia médica.
Julián reaccionó exactamente como esperaban.
Convocó una cena urgente en la villa para hablar con varios accionistas y representantes de la familia Aranda.
Adrián permaneció oculto en una habitación contigua.