Aquella noche recibió una llamada extraordinaria.
La familia Valcárcel necesitaba una terapeuta inmediatamente en su villa de La Zagaleta.
Adrián Valcárcel, 43 años, dirigía uno de los mayores grupos privados de transporte marítimo y logística del Mediterráneo. Su apellido aparecía en puertos, hoteles y operaciones inmobiliarias desde Algeciras hasta Barcelona.
También aparecía en conversaciones que la gente prefería mantener en voz baja.
El terapeuta que lo atendía habitualmente llevaba 9 días sin acudir al trabajo.
Nadie explicó por qué.
Cuando Lucía llegó a la propiedad, esperaba encontrarse con un hombre arrogante rodeado de escoltas.
Encontró algo distinto.
Adrián estaba sentado sobre una cama enorme frente a los ventanales que daban al Mediterráneo. Llevaba una camisa azul abierta en el cuello y parecía llevar semanas sin descansar.
—Los médicos dicen que es estrés —explicó—. Pero cada noche siento los pies ardiendo.