Su primera esposa, Lucía, había muerto décadas atrás en un accidente. Habían perdido también a su única hija siendo muy pequeña. Rafael convirtió el dolor en arte. Algunas de sus muñecas tenían gestos, peinados o expresiones inspiradas en ambas.
Años después se casó nuevamente con Cecilia.
—Ella decía que yo vivía con fantasmas —le confesó—. Juraba que cada muñeca era otra forma de traer a Lucía de regreso.
Cecilia comenzó a destruir algunas piezas.
Rafael siguió trabajando.
Entonces enfermó.
Mientras permanecía hospitalizado durante varias semanas, desaparecieron de su taller un armario antiguo y una de sus colecciones más importantes.
Cecilia aseguró que habían entrado ladrones.
Rafael nunca le creyó.
Meses después ella lo abandonó.
—Pagué anuncios, pregunté en mercados de antigüedades, contacté coleccionistas —escribió—. Nunca encontré nada.
Mariana permaneció un momento frente a la pantalla.