Yo también me había echado atrás.
Yo también había mirado los gastos antes de mirar el vínculo.
Aquella noche, cuando volví a casa, encontré a Nube y Sol dormidos en la caja de cartón que yo había dejado junto a la pared para tirar.
Por supuesto, ignoraban las camas nuevas.
Me senté cerca de ellos y pensé en las dos gatas del refugio.
Pensé en cuántos animales estarían esperando no solo una casa, sino la casa correcta.
No perfecta.
No grande.
No con muebles nuevos.
Solo una donde no les arrancaran lo único que todavía les daba calma.
Al día siguiente llamé a Marta.
Le dije que no podía adoptar más, porque no quería prometer lo que no podía sostener.
Pero podía ayudar.
Podía hacer fotos.
Podía escribir pequeños textos para las parejas de animales que necesitaban ir juntas.