Parte 2: EL HILO NEGRO, LA TRAICIÓN Y LA ÚNICA PERSONA QUE GABRIEL DECIDIÓ CREER

El encargo provenía de una organización rival.

Querían que Gabriel muriera lentamente para que pareciera un fracaso médico.

Así evitarían una guerra abierta entre familias.

Cole presentó su renuncia.

Antes de marcharse pidió hablar conmigo.

—Lo siento.

Lo miré en silencio.

Bajó la cabeza.

—Nunca debí reírme de ti.

Respondí con calma.

—No fue por reírse.

Fue porque dejó de observar.

En medicina…

Y en la vida…

La arrogancia también puede matar.

No volvió a decir una palabra.

Pasaron varios meses.

Gabriel recuperó completamente la movilidad del brazo.

Una mañana me llamó nuevamente a su despacho.

Había una pequeña caja sobre el escritorio.

—Ábrela.

Dentro encontré una llave.

Fruncí el ceño.

—¿Qué es?

—Tu casa.

Lo miré sorprendida.

—No puedo aceptar algo así.

Él sonrió.

—No es un regalo.

Es una inversión.

—¿En qué?

—En alguien que demuestra que el conocimiento vale más que el título.

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