Marisol cerró los ojos.
No por vergüenza.
Porque recordó a Sofía preguntándole una noche si ser pobre era
algo malo.
Y ella no había entendido de dónde venía esa pregunta.
El video siguió.
Ricardo señaló a Mateo.
—Tú eres el grande. Tú vas a convencer a tu hermana. Si tu mamá se deprime, si llora, si se enferma, será por culpa de ustedes. ¿Sí entiendes, campeón?
Mateo, en la grabación, no contestaba.
Solo miraba al piso.
Pero el Mateo del juzgado miraba al juez.
Como si por fin alguien pudiera escuchar lo que él no había podido gritar.
El juez apretó la mandíbula.
—Siguiente archivo.
El segundo era un audio.
La voz de Ricardo sonaba tranquila, casi burlona.
—No, Daniela, no te preocupes. Mañana la dejo sin los niños. Después de eso, Marisol no va a tener ni fuerzas para pelear. Le voy a demostrar que sin mí no es nadie.