Raquel respiró profundamente.
—Sí.
Julia la miró.
—¿Por qué?
—Porque si un edificio queda sin terminar, descuentan el bono del supervisor. Tres incidencias y te sustituyen.
Alejandro no sintió compasión suficiente para borrar la responsabilidad de Raquel.
Pero entendió que había otra capa.
—¿Quién da esas órdenes?
Raquel escribió un nombre.
Sergio Molina.
Director regional de Orion.
Alejandro conocía a Sergio.
Habían cenado juntos.
Habían jugado golf.
Y Sergio siempre presumía de mantener los costos laborales “milagrosamente bajos”.
Ahora Alejandro comenzaba a entender el milagro.
Suspendió nuevas asignaciones a Orion mientras una auditoría independiente revisaba los contratos.
Sergio apareció esa misma tarde.
—Alejandro, estás convirtiendo el error de una limpiadora en una crisis empresarial.
Julia, que esperaba transporte para volver a casa, escuchó la frase.
Alejandro también.
—¿Error?
—Se quedó dormida en tu cama.
—Después de trabajar dieciocho horas.