Algunos informes habían sido cerrados.
Otros nunca llegaron a Alejandro.
—¿Eduardo sabía? —preguntó.
La auditora fue prudente.
—Sabemos que intervino en renovaciones y que existen relaciones financieras que deben explicarse. No podemos afirmar más hasta terminar.
Alejandro recordó cuántas veces Eduardo había dicho:
“Orion nunca falla.”
No fallaba porque alguien como Julia terminaba doce pisos sola.
Alejandro citó a su amigo.
Eduardo llegó furioso.
—¿Después de veinte años vas a creerle a una limpiadora antes que a mí?
Alejandro se quedó quieto.
—No estoy creyéndole a Julia porque limpie pisos.
Empujó los documentos.
—Estoy creyendo registros que tú esperabas que yo nunca leyera.
Eduardo fue apartado mientras continuaba la revisión.
Pero faltaba el tercer giro.
Julia regresó una semana después.
No para trabajar.
Traía una carpeta de plástico.
—Mi marido dice que no me meta —dijo—. Pero creo que debe ver esto.