Parte 2: ENCONTRÉ A UNA TRABAJADORA DE LIMPIEZA DORMIDA EN MI CAMA DESPUÉS DE 18 HORAS DE TRABAJO, PERO AL REVISAR QUIÉN LA HABÍA AMENAZADO DESCUBRÍ QUE CIENTOS DE EMPLEADOS LLEVABAN MESES PAGANDO EL VERDADERO PRECIO DE MIS EDIFICIOS

Horario definido.

Prestaciones.

Formación.

Y un supervisor que no podía amenazarla con borrar su siguiente turno.

Un año después, Alejandro regresó al ático a las tres de la madrugada.

Había vuelto de Barcelona otra vez.

Entró en su habitación.

La cama estaba perfectamente hecha.

Sobre la mesa había una tarjeta del personal de mantenimiento:

“Señor Medina: inspección terminada. Todo en orden.”

Alejandro sonrió.

A la mañana siguiente encontró a Julia en el vestíbulo.

Llevaba zapatos nuevos.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Cuántas horas trabajaste ayer?

Ella levantó una ceja.

—Ocho.

—¿Seguro?

—Siete horas y cincuenta y dos minutos.

Ambos se rieron.

Alejandro siguió caminando, pero Julia lo llamó.

—Señor Medina.

Se volvió.

—Gracias por dejarme dormir aquella noche.

Él negó.

—No deberías tener que agradecerle a nadie por no castigarte cuando tu cuerpo ya no podía más.

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