Parte 2: ENGAÑÉ A MI ESPOSA MIENTRAS ELLA ESPERABA PARA DECIRME QUE ESTABA EMBARAZADA, PERO CUANDO NACIÓ NUESTRO HIJO DESCUBRÍ QUE SER SU PADRE NO ME DABA DERECHO A RECUPERAR LA FAMILIA QUE HABÍA ABANDONADO

—Lo que hiciste con Emma fue cruel —dije—. Pero lo que yo hice fue peor. Yo era quien le había prometido fidelidad.

Ava se marchó.

Nunca volvimos a vernos.

Llevé los mensajes a Emma.

No intenté esconderlos.

Ella los leyó.

—Ya conocía algunos.

—¿Por qué nunca dijiste nada?

Me miró con cansancio.

—Porque durante meses seguía esperando que fueras tú quien dijera la verdad.

Aquello dolió más que cualquier grito.

—Lo siento.

—Lo sé.

—¿Eso significa que me perdonas?

—No.

Emma dejó la carpeta.

—Significa que escuché tus disculpas.

Finalmente comprendí la diferencia.

El divorcio comenzó poco después.

Cuando mi abogado propuso pelear por la casa y ciertos activos, lo detuve.

—Emma tendrá la propiedad.

—Lucas, estamos hablando de una cantidad considerable.

—Lo sé.

—Podemos negociar.

—Ya negocié demasiado con mi conciencia.

También establecí un fondo para Noah.

Emma lo aceptó únicamente después de que sus abogados garantizaron que yo no tendría control sobre sus decisiones personales.

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