Después bajó la mirada.
—No sé en qué momento empezó todo esto con Sergio. Al principio solo nos pedía que le ayudáramos con algunos gastos. Después perdió dinero en un negocio. Luego llegaron las deudas. Nos dijo que necesitaba quedarse una temporada en casa para reorganizarse.
—¿Y por qué no me lo contasteis?
—Porque tu hermano nos pidió que no te preocupáramos. Decía que estabas muy ocupado y que nosotros debíamos resolver nuestros problemas sin molestarte.
—¿Y lo creísteis?
—Es nuestro hijo, Álvaro. Siempre quieres pensar que tus hijos van a encontrar la manera de salir adelante.
Me quedé callado.
Entonces comprendí algo que hasta ese momento no había querido aceptar: mis padres no estaban simplemente siendo engañados con papeles.También estaban atrapados en la esperanza de que su hijo biológico volviera a ser el muchacho que habían criado.